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Picasso y Morcillo 1922. Destino Andalucía. - Proyecto Garlo

Picasso y Morcillo 1922. Destino Andalucía.

Artistas Andaluces

Hoy ha sido un día diferente a otros, realizando un estudio minucioso en la Revista de Bellas Artes editada desde 1921 en Madrid por el crítico de arte y escritor Francisco Pompey, he tropezado con un ensayo sobre la obra de Picasso, éste malagueño y Morcillo, éste granadino, fallecidos ambos en el mismo año 1973, siendo de la misma época histórica y en desarrollo diferente y enriquecedor cada uno en su espacio geográfico de vida. Aquí os transcribo «literalmente» lo versado sobre su arte en el año 1922 en afán de leer las palabras juiciosas y coloristas de nuestro Pompey.

Pablo Picasso

 

Pablo Picasso ya no es cubista. Picasso ha abandonado sus anteriores inquietudes de pintar cúbicamente, pinta de una manera semejante a Ingres; Picasso se ha hecho un extraño académico. Este gran imaginativo artista andaluz, que ha pasado de la mitade del camino de nuestra vida, como llamaba el Dante a los treinta años del hombre, y que de los cuarenta que hoy cuenta ha pasado la mitad en la bella ciudad de París, está considerado, y no con falta de razón, como el representante, como un conductor de una gran cantidad de artistas en toda Europa. Sería injusto ocultar la estimación que a este artista le ha considerado la crítica en Francia, Alemania e Italia, si bien es verdad que se ha exagerado un poco al llamarle espejo de la época. Pero desde luego es cierto que tanto en Francia como en Alemania e Italia fue el exaltador y guía de una generación de jóvenes artistas, que supieron crearse una situación de interés en el ambiente del arte contemporáneo. Y por ello no habrá modo de apartar su nombre y su obra del desarrollo de la pintura en el transcurso de estos últimos quince años. Nada se conoce en España, a excepción de unos cuantos amigos que le conocimos hace ya varios años, de aquella su pintura de escuela castellana, en la que había del Greco y de Velázquez; una pintura que tenía el interés de uno de tantos artistas españoles que no pasan de ser una medianía.

No es extraño que Picasso, hombre de mucho talento y de una retina fácil y nada común, se preocupase y sintiese en si mismo deseos de evolucionar hacia un arte de originalidad personal, algo que estuviese sobre la anquilosada fórmula de nuestros pintores artistas de la regencia. Su espíritu inquieto e imaginativo necesitaba ponerse en contacto con las nuevas orientaciones que la ciudad parisina mostraba al mundo y sobre ellas dar una nota de ultramodernismo.

El arte cúbico de Picasso empezó sobre el año 1907; él entendió que la superficie es una figura geométrica, y como dice el notable escritor de Arte alemán (que recientemente ha publicado un interesante artículo sobre Picasso en una de las más importantes revistas de Alemania) Kurtpfister: «El espacio es un cálculo cúbico, el retrato con organismo matemático». La expresión de Cezanne de que «Todo en la naturaleza se forma según esfera, cono y cilindro», que el maestro había entendido y realizado sin duda tan sólo en conexión con el crecimiento orgánico de la naturaleza y el examen de la producción de los exóticos pueden haber influido sobre su desarrollo. Estos cuadros entienden y constituyen el mundo tal como sistema matemático. El cubismo es, y todavía en más alto grado que el impresionismo, la expresión de un tiempo racionalista, físico-natural. A otro concepto que, comparándolo con el cristal, vió aquí un medio de formación sintética, puede oponérsele la pregunta de dónde debe proceder el llamamiento de este tiempo decaído en vista de la construcción, y de si la fuerza para tal construcción puede recibir en los viciados sistemas intelectuales, cuya corta existencia parece uno indicado a igualar con estilo».

Es verdaderamente curioso este nuevo aspecto objetivo que Picasso manifiesta en sus actuales obras. ¿Será ésta continuación de sus anteriores medios pictóricos por otros nuevos de una lógica aún más académica o más clásica que la presente? ¿Esta proximidad a la naturaleza de formas contorneadas, que tiene la sensación de unas estatuas sin afinar, y de colores sencillos, casi iluminados, no será un camino para encontrar una sensación de arte muy antiguo y muy moderno? De cualquier forma, la labor artística de Picasso hoy tiene un interés mayor de perennidad de arte, que nos habla con más seguridad de un cierto porvenir.

"Tierra de sol y de armonía, aún guarda una esperanza la caja de Pandora".

Gabriel G. Morcillo

Siguiendo el criterio que esta Revista viene sustentando desde su primer número, criterio de manifestarnos siempre dispuestos a reconocer todas las tendencias, por muy distintas que sean, y que con tanta frecuencia ofrece la paleta del arte pictórico en España, hoy vamos a ocuparnos de un pintor granadino que con sus obras ha dado motivo a un revuelo de curiosidad entre los artistas y aficionados atentos a toda revelación artísticas.

Gabriel G. Morcillo no es un caso de precocidad; él empezó desde muy jovencito, casi niño, a mostrar su afición por la pintura; siguió los pasos de aquellos artistas granadinos que ya por entonces tenían fama, José Rodríguez Acosta y José María López Mezquita, que con su arte son para el joven Morcillo la luz que le sirve de guía en sus principios; después de estos balbuceos viene a Madrid con una modesta pensión; siguen sus balbuceos visitando el estudio del pintor D. Cecilio Plá, el Museo del Prado y la Escuela de San Fernando, ve algunas Exposiciones, y, por fin, se presenta a unas oposiciones para una plaza vacante de pintura en la Academia de España en Roma; gana la plaza de pensionado, marcha a Granada a despedirse de su familia con el permiso de unos días, y como si Granada se le revelase por primera vez en su vida, lee leyendas orientales acaecidas en la muy bella ciudad de la Alhambra, y Gabriel G. Morcillo se instala en un estudio apartado de la ciudad, y olvidando su obligación de Roma trabaja sin descanso ocho y diez horas diarias y produce durante un par de años toda esa labor que hemos conocido este verano en Madrid, en la cual balbuceos han quedado muy lejos del dominio de técnica que hoy posee.

A Gabriel G. Morcillo se le discute, más que como artista de una tendencia que trajese algo nuevo a la vida artística, sobre lo que hacen los de su misma edad que siguen un camino de pintura naturalista, se le discute como virtuoso de la paleta; indudablemente, el caso de Gabriel G. Morcillo es una modalidad superior en técnica a la parte emotiva. La parte emotiva, esa manifestación espiritual de todo temperamento de sensibildad artística, está en Gabriel G. Morcillo en un principio de desarrollo; él sólo se preocupó sobre todas las cosas (así lo dicen sus cuadros) de dominar el «metier», los problemas dificilísimos que ofrece la lucha del natural con el pintor, con el pintor que sobre todo quiere dar la sensación de una interpretación pictórica de riqueza en la técnica, en el saber hacer, y al mismo tiempo un acento amable de cierto romanticismo que las lecturas Chateaubrian le inspiraron a nuestro joven pintor leyendo las bellas fantasías orientales que el gran escritor francés escribió sobre la bella ciudad de Granada.

Es interesante observar en la obra general del joven artista granadino esa noble preocupación del que ya aprendió mucho de modo de hacer y el deseo espiritual de dar un sello romántico e intelectual a sus obras. Dos manifestaciones distintas que el joven artista se propone conseguir; en las obras que tuvimos el gusto de ver este verano, sobre todo en las que reproducimos, ya están notablemente indicadas estas dos manifestaciones, de un admirable y futuro resultado, en el cual esa lucha que eleva su concepto artístico, resulte la totalidad de lo que él se propone.

Ya tiene un gran interés el que un pintor con muy escados medios y muy joven, relativamente, haya hecho la labor que nos mostró este verano pasado avanzando tan notablemente sobre todo lo que conocíamos de sus primeros años en Madrid. Él ha emprendido un camino en el cual, de seguir con la misma constancia que hasta ahora, puede tener grandes triunfos; tanto las leyendas orientales Chateaubrian, como otras que se han escrito inspiradas en la historia árabe de Granada, pueden serle muy útiles a esa tendencia de bella literatura para sus cuadros, que tanto preocupan su imaginación eminentemente meridional. Es indudable que en los artistas andaluces, por fortuna para ellos, predomina un sentimiento de carácter oriental, psicología que da el pueblo andaluz artista por intuición. «Tierra de sol y de armonía, aún guarda una esperanza la caja de Pandora».

Gabriel Morcillo Sala en casa Asjaris Granada